Houston cautiva a quienes la visitan. Ubicada en el sureste de Estados Unidos, dentro del estado de Texas, y extendiéndose hacia las costas del Golfo de México, es la cuarta ciudad más grande del país. A primera vista, su imponente horizonte de rascacielos y su extensa red de autopistas la presentan como una urbe industrial, dominada por la actividad petrolera, la energía y el comercio. No obstante, al recorrer sus calles, se percibe un claro esfuerzo por equilibrar el desarrollo urbano con la conservación del entorno, enfrentando los desafíos del crecimiento mientras busca preservar su invaluable patrimonio natural.
La amabilidad de sus habitantes es otro de los atributos distintivos de Houston. Con una población multicultural, en la que el 40% tiene raíces hispanas, la ciudad se caracteriza por una fusión de culturas que enriquecen su identidad y le otorgan un carácter cosmopolita único. Durante mi visita, fui testigo de estos contrastes, que convierten a Houston en un destino atrayente, marcado por su complejidad y singularidad.
Primeras impresiones: entre el asfalto y el verde
Al llegar, lo primero que me sorprendió fue su inmensidad. La vastedad de Houston se revela en sus interminables autopistas, el tráfico constante y una atmósfera llena de actividad industrial. En esta gran metrópoli, la necesidad de contar con un vehículo es primordial, ya que caminar, usar transporte público o andar en bicicleta no son prácticas comunes, salvo en ciertos barrios residenciales. Es primordial que las familias tengan al menos un auto para desplazarse.
Sin embargo, en medio de este paisaje urbano, emergen pulmones verdes. Parques como el Buffalo Bayou Park y el Hermann Park ofrecen oasis de frescura y diversidad ecológica, donde es posible observar animales acuáticos en los estanques y variadas especies de aves sobrevolando las aguas. Con más de 300 parques y áreas naturales, Houston ha procurado fusionar su desarrollo con la riqueza de su tierra.
En los suburbios, donde se preservan sectores para la vida silvestre, es posible ver ciervos al costado de las rutas y en los pasajes internos, ardillas merodeando por los hogares y una flora y fauna variada que enriquece el entorno. Durante una caminata por un bosque en las afueras, dos ciervos emergieron de la espesura, cruzaron el sendero a pocos metros y se desvanecieron entre los árboles. Un instante fugaz de belleza, que va a quedar guardado en mi memoria.
Aunque la ciudad ha sabido conservar estos territorios, los problemas ambientales continúan siendo una realidad presente. La calidad del aire, marcada por el humo de las chimeneas de las industrias y refinerías, es uno de los rasgos característicos de esta pujante metrópoli. Epicentro de la industria energética mundial, Houston también está trazando una huella significativa en el ámbito de la salud, como el prestigioso Texas Medical Center, uno de los complejos médicos más importantes y reconocidos del mundo, entre otros.
«No te metas con Texas” (Don’t Mess with Texas): orgullo y cultura Local
Durante mi estancia, uno de los lemas más emblemáticos que encontré en la ciudad fue «Don’t Mess with Texas». Este eslogan, lanzado en 1985 por el Departamento de Transporte de Texas con el fin de reducir la basura en las rutas estatales, rápidamente se transformó en un símbolo identitario. Su significado fue más allá de su propósito ecológico, evolucionando para representar el orgullo y la esencia cultural de la región. Hoy, se encuentra en productos, campañas publicitarias y eventos que refuerzan el espíritu único de la comunidad texana. Asimismo, la presencia constante de banderas estadounidenses en cada rincón de la ciudad resalta el profundo sentido de patriotismo que caracteriza a Houston. Los sombreros, las botas texanas y la música country son parte del folklore local. Múltiples souvenirs lo evocan.
Durante una espera en el Aeropuerto Internacional George Bush, volví a encontrarme con un mural que incluía esta cita. La obra, creada por artistas locales, exhibe flores nativas y resalta la belleza de la región. Además, hace referencia a un programa estatal que no solo busca reducir los residuos, sino también conservar, proteger y promover las flores silvestres y otras especies autóctonas a lo largo de las rutas.
Centro espacial Johnson de la NASA: un viaje a las estrellas
Uno de los principales puntos turísticos de Houston es el Centro Espacial Johnson de la NASA, un lugar emblemático que permite a los visitantes sumergirse en la historia y los avances de la exploración del universo. Al ingresar, los visitantes deben pasar por un control de seguridad riguroso, pero una vez dentro, la atención y la coordinación del personal aseguran una experiencia fluida y enriquecedora.
Este centro no es solo un ámbito de investigación, sino un lugar donde la innovación tecnológica cobra vida. Durante el recorrido, los visitantes pueden interactuar con simuladores de vuelo, observar trajes auténticos y conocer de cerca los hitos más importantes de la investigación espacial, lo que permite dimensionar el impacto de la ciencia y la ingeniería en la exploración del cosmos
Al caminar por sus instalaciones, se puede sentir la historia viva: la sala de control original utilizada en 1969, con su mobiliario intacto, fue testigo de momentos claves durante la misión. Entre las vivencias más impresionantes se destaca la recreación del alunizaje en esa sala, que permite revivir este evento histórico y experimentar la emoción de ser testigos de una de las mayores hazañas de la humanidad.
Tuve el privilegio de tocar rocas traídas de misiones espaciales: una lunar y otra marciana. Esta experiencia excepcional deja una huella imborrable y expande los límites de lo imaginable.
El Centro Espacial Johnson de la NASA no solo ofrece una inmersión en los avances científicos, sino también una visión fascinante sobre el futuro de la exploración del espacio.
Kemah Boardwalk: bescubriendo la Bahía de Galveston
A pocos minutos en auto de Houston, el Kemah Boardwalk es un paseo marítimo ideal para disfrutar del aire libre. Aquí, las montañas rusas y los juegos mecánicos conviven con restaurantes panorámicos y vistas espectaculares de la Bahía de Galveston. Durante mi visita, tuve la suerte de ver un gran pelícano marrón cazando, rodeado de garzas y patos. La vida silvestre continúa adaptándose y prosperando a pesar del avance del desarrollo.
Una mañana fría y nublada, también tuve la oportunidad de recorrer la playa de La Port, plagada de cuervos y bandadas de gaviotas que sobrevolaban la costa. Allí, descubrí un pintoresco museo histórico, el Laport Sylvan Beach Depot, que guarda los vestigios de una antigua estación ferroviaria.
El corazón de la ciudad
Downtown es el distrito céntrico donde convergen negocios, actividades culturales y deportivas, áreas verdes y una variada oferta gastronómica.
En el Distrito de los Museos, se pueden encontrar instituciones de relevancia internacional que integran ciencia, arte e historia.
El Museo de Ciencias Naturales es un complejo de cuatro plantas que albergan una extensa colección de fósiles y piezas arqueológicas de las antiguas civilizaciones, desde el Egipto faraónico hasta los pueblos originarios de América. Destaca por su exhibición de dinosaurios, una de las más importantes de América del Norte. Entre sus secciones sobresalientes se encuentran el Cullen Hall of Gems & Minerals, con gemas y minerales cristalizados, y el Morian Hall of Paleontology, que exhibe más de 60 esqueletos fósiles, incluidos tres Tyrannosaurus rex. El uso de tecnología interactiva permite una experiencia educativa y envolvente.
El Museo de Bellas Artes, compuesto por tres edificios interconectados, alberga una vasta colección de miles de obras que abarcan cinco milenios y numerosas regiones del mundo. Los edificios Caroline Wiess Law Building y Nancy and Rich Kinder Building están conectados por un pasaje subterráneo, donde se puede admirar la instalación de luz y color The Light Inside, obra del artista James Turrell. Su diseño museográfico permite un recorrido fluido, con una iluminación meticulosamente planificada y paredes con sugerentes colores que resaltan cada pieza. Entre sus colecciones se encuentran obras de grandes maestros como Van Gogh, Monet, Picasso, Gauguin, Matisse, entre otros exponentes. Sin embargo, una de las experiencias más emotivas fue descubrir “Juanito va a la ciudad”, del argentino Antonio Berni, una obra que establece un profundo vínculo con la identidad y la historia de nuestro país.
El Museo del Holocausto fue fundado para rendir homenaje a la memoria de este acontecimiento histórico, basándose en los testimonios de sobrevivientes y descendientes de las víctimas que se establecieron en Houston. El museo combina objetos originales, textos, material audiovisual y tecnología inmersiva.
Uno de los momentos más impactantes del recorrido es el ingreso a un vagón de tren de la misma época que los utilizados en las deportaciones. Aunque no se puede certificar su uso original, su estructura permite dimensionar las condiciones en que miles de personas fueron trasladadas. La visita procura generar conciencia sobre las graves consecuencias del genocidio.
El museo incluye una sala final donde se pueden observar testimonios y hechos que evidencian la vulneración de los derechos humanos. La finalidad de esta sala es provocar una reflexión personal en los visitantes, invitándolos a cuestionarse y a ofrecer un posible aporte personal en la lucha por los derechos fundamentales.
Un festín para los sentidos
Houston se distingue por una oferta gastronómica excepcional. Con más de 10,000 restaurantes, la ciudad presenta un sinfín de opciones, que incluyen desde la clásica salsa texana hasta innovadoras fusiones de la cocina mexicana y asiática. Establecimientos emblemáticos como The Grove y The Reef destacan por sus platos únicos, mientras que las estaciones de servicio, como Buc-ee’s, sorprenden con delicias locales, siendo los Beaver Nuggets una de sus tantas especialidades más célebres.
La cantidad y variedad de establecimientos culinarios es realmente sorprendente. La cocina de diferentes países está presente en cada rincón, y las góndolas ofrecen una vasta multiplicidad de productos alimenticios, junto con porciones generosas y vasos de bebidas de dimensiones impresionantes.
El legado de la comida mexicana es esencial en esta experiencia culinaria. Es imprescindible probar los picantes característicos de la región, ya que la comida en general tiende a ser bastante especiada. Entre los favoritos, se encuentran los jalapeños, así como la salsa Ranch, típica de la zona, y otras salsas como la Buffalo, que realzan los sabores con su toque picante.
Houston: crecimiento urbano y los retos de la sostenibilidad
Houston es una ciudad marcada por profundos desafíos, donde la modernidad se enfrenta a la preservación y la industria coexiste con la biodiversidad del lugar. Sus impresionantes edificios y su sólida base industrial, impulsada por el sector energético, se contraponen a la extensa red de parques y espacios naturales que siguen siendo elementos clave de su paisaje. A pesar de los problemas derivados de su crecimiento, Houston ha logrado conservar zonas verdes que brindan un respiro a sus habitantes. Su pluralidad cultural, unida a un fuerte sentido de pertenencia, crea una identidad única que fusiona tradiciones locales con múltiples influencias. Este proceso continuo de adaptación y transformación sigue definiendo a Houston como una ciudad en constante evolución.